La joven policía es una víctima más del hampa organizada y la poca acción gubernamental para frenar la violencia.
Redacción Guayaquil
Verónica Sangor, de 24 años, recibió 7 impactos de bala de grueso calibre y hoy lucha por sobrevivir. Eran las 3:45 de la madrugada del sábado cuando varios las bala la impactaron en la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) ubicada en Socio Vivienda 1, al norte de Guayaquil.
Desde entonces su corazón se ha parado dos veces y ha sido reanimada, pero aún vive y su fortaleza es uno de sus soportes.
Lojana, de 24 años, Verónica se graduó como policía hace un año y siete meses. Su primera asignación fue el eje preventivo en el distrito Nueva Prosperina, el que acumula la mayor cantidad de muertes violentas (237) de la Zona 8, que comprende Guayaquil, Durán y Samborondón, donde hasta el día del ataque, el 9 de octubre, se habían registrado 1.128 asesinatos en lo que va de este año.
«Si Dios permite que sobreviva, no sabemos si quedará con efectos secundarios, ya que su cerebro dejó de recibir oxígeno”, dijo con preocupación un compañero de Verónica, según la información que les han dado los médicos.
A la hora en que ocurrió el ataque, que se lo ha adjudicado el Cartel Jalisco Nueva Generación, la joven policía se encontraba justo a la entrada de la UPC. Las balas de fusiles atravaseraron los cristales de la puerta de ingreso y de la ventana junto al escritorio donde ella estaba, sentada en una silla de plástico.
En la UPC quedó un reguero de sangre, 16 rastros de bala -a ella la impactaron siete disparos- y varios panfletos donde los narcodelincuentes advierten que más ataques como este volverán a ocurrir. (I)
