Redacción Guayaquil
A más de dos meses del ataque criminal de la madrugada del 14 de agosto de este año, que arrancó la vida a un número no determinado de personas y marcó la existencia de otras tantas hoy, domingo 23 de octubre del 2022, sobreviven con distintos tipos de discapacidades.

La ‘Calle 8 Resiste’, está en el corazón del Cristo del Consuelo y donde aún predomina la destrucción, hubo un encuentro cultural que reunió a vecinos, allegados y organizaciones sociales que aportan al fortalecimiento social de la zona

Hubo bailes con marimba y salsa, degustación de comidas típicas. Sus habitantes expusieron la lentitud con que se gestiona la atención estatal y municipal, la indignación era evidente.

Acciones básicas para superar la crisis psicológica y económica que generó la mano criminal que los dejó sin Roxana Montaño, una afroecuatoriana que había vivido ahí durante 30 de sus 37 años de vida.

Consternada
Despojada y con gruesas cicatrices de las esquirlas que se incrustaron en su pecho y rostro, Mónica Medina, su madre, estuvo acompañando a la comunidad que sacó adelante el encuentro cultural con el apoyo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).

Haber perdido a su única hija le ha partido la vida y tampoco ha recibido la asistencia psicológica prometida, pero aún así, tiene el apoyo emocional de familiares, amigos y vecinos, quienes con bingos están reuniendo dinero para levantarle su vivienda, destruida por la onda expansiva del explosivo que la sorprendió mientras dormía.

Billy Navarrete, director Ejecutivo del CDH, hizo un llamado al Gobierno y al Municipio, para que la asistencia a las familias lesionadas por el hecho violento se cristalice lo antes posible, porque han sido muchas las promesas, pero no hay evidencia de cumplimientos.

Aparicio Arroyo, uno de los residentes más antiguos apostó porque su barrio vuelva a la normalidad y que les ayuden a levantar y restaurar todas las casas afectadas.

Él, halló posada en otro sector de Guayaquil, pero anhela poder volver pronto a la que había sido su vivienda por más de 35 años.

Durante el encuentro, además de las presentaciones de grupos de baile de la Fundación Nia Kali y Ángel Sinisterra, la muralista Alisa Pincay plasmó una obra itinerante que reflejaba la alegría y ritmo de la Calle 8. Su presencia fue posible gracias al apoyo de la Cooperación Alemana GIZ dentro del Programa Europeo Regional de Migración y Refugio (ProMiRe) / SI-Frontera, que promueve los Derechos Humanos de la población en situación de movilidad humana y la comunidad de acogida.

Con ese objetivo se han propuesto la recuperación de espacios en barrios críticos de Guayaquil, con la finalidad de promover la convivencia social pacífica. También hubo asistencia de las fundaciones Mujer y Mujer, Cepam Guayaquil y Manos Venezolanas. Además, asistió una delegada de la Secretaría de Derechos Humanos. (I)

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