Redacción Deportes
En el cementerio Parque de la Paz se jugó el Clásico del Astillero, frente al recuerdo de los hinchas que más amaron a los ídolos Barcelona y Emelec.
El homenaje fue justo y se cumplió el viernes último en el complejo de bóvedas especial para el descanso eterno de fanáticos, dirigentes y exglorias. Al sitio, atendiendo la invitación de los directivos del camposanto, llegaron familiares y amigos del Astillero.
La solemnidad reemplazó al grito de las tribunas, perduró el silencio y el recuerdo de la vieja campana de Julio Espinoza, la trompeta del Che Pérez o el aliento tribunero de Giuseppe Cavanna y su Boca del Pozo.
Este año se realizó el evento «Astillero de la paz», con el objetivo de invitar a los guayaquileños a comprender que después de la pasión y la rivalidad entre grandes equipos, se puede llevar a cabo una fiesta en paz.
«Astillero de la Paz» se jugó en la cancha de Parque de la Paz, en conmemoración especial a figuras emblemáticas que perduran en las vitrinas gloriosas de Barcelona y Emelec.
El homenaje fue una oportunidad para expresar gratitud a los actores de cara al partido jugado domingo.
En estos nichos descansan grandes figuras que marcaron hitos y recuerdos tanto para Barcelona como para Emelec. Pablo Hanníbal Vela, el recordado ‘Rey de la Cantera’. Junto a él están Eduardo «El Ché» Pérez y Giuseppe Cavanna.
También está don Julio Espinoza, conocido como “El hombre de la campana”, comparten el descanso eterno en este sector.
El clásico concluyó 1-1 en el Capwell, pero en el complejo de La Paz primó el recuerdo de cuatro amantes del Astillero. (D)
